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Aída de Vicente, premiada por su investigación sobre sintomatología postraumática en familiares de personas desaparecidas

 

 

Aida de Vicente, profesora del Máster en Psicología General Sanitaria del CUCC, ha sido recientemente premiada en los Premios Flor Bellver "9 de marzo, por las personas desaparecidas" junto a Pablo Santamaría por el estudio realizado sobre la evaluación de sintomatología postraumática en familiares de personas desaparecidas.

Es doctora en Psicología y miembro de la Red nacional de psicólogos para la atención a víctimas del terrorismo del Ministerio del Interior, así como del grupo de expertos en terrorismo del proyecto europeo EU Centre of Expertise for Victims of Terrorism (EUCVT). Posee amplia experiencia en la intervención psicológica en urgencias, emergencias y catástrofes y en la práctica privada y su línea de investigación se ha centrado en la evaluación y en la intervención en grupos afectados por experiencias adversas y trauma.

El Premio Flor Bellver, denominado así por primera vez y dedicado a la mejor acción social en homenaje a la psicóloga y expresidenta de InterSOS, valora su “valiosa contribución” a través del trabajoPremios Flor Bellver "Evaluación de sintomatología postraumática en familiares de personas desaparecidas”, que, según el jurado, por primera vez "recoge el abanico de necesidades psicológicas" de las familias afectadas "permitiendo así diseñar tratamientos y abordajes adaptados a dichas necesidades”.

Los Premios en sus distintas categorías fueron entregados en el Senado y son convocados anualmente por la Fundación Europea por las Personas Desaparecidas QSDglobal.

¿De dónde surge la elección de este tema de investigación? ¿Por qué te llamó la atención hasta el punto de llegar a situarlo como objeto de estudio?

La evaluación del impacto psicológico de la desaparición de un ser querido es una de las áreas de investigación menos desarrolladas en el campo del estudio del trauma, a pesar de que se trata de una experiencia muy impactante y con unas diferencias claras con respecto a otro tipo de pérdidas, como fallecimientos repentinos o duelos complicados. El doctor Pablo Santamaría y yo tuvimos la oportunidad de colaborar con la Fundación Europea de Personas Desaparecidas-QSD Global para iniciar un estudio detallado sobre la sintomatología asociada a este tipo de sucesos y poder delimitar mejor las necesidades de estas familias. Algo que en España no se había realizado hasta ahora. Este contacto se llevó a cabo a través de Concha Puelles, psicóloga del Cuerpo Nacional de Policía, experta en el ámbito de las desapariciones y muy implicada con este colectivo.

¿Cuáles son las principales conclusiones de este trabajo? ¿Cuáles son las principales y más urgentes necesidades psicológicas de las familias afectadas por este tipo de pérdidas?

Podríamos destacar dos principales conclusiones. La primera es que el impacto emocional de la desaparición de un ser querido es devastador y puede manifestarse en un rango muy amplio de síntomas -de los 29 indicadores evaluados, los familiares se situaron en el nivel extremo de malestar en 26 de ellos, muy por encima de la población general-. La segunda conclusión es que este impacto psicológico no disminuye a lo largo del tiempo, sino que sitúa a los familiares y al entorno cercano en una especie de “limbo” hasta que se resuelve la desaparición, lo que, en el mejor de los casos, sólo dura unos días, pero, para muchas otras personas afectadas, puede durar años o toda su vida.

¿Cuál ha sido tu principal aprendizaje? ¿Qué está aportando a tu ejercicio profesional en el tratamiento de familiares de personas desaparecidas?

A nivel profesional, el aprendizaje más significativo ha sido el de poder delimitar la vivencia traumática de la desaparición de un ser querido que, como indicaba, es peculiar o diferente respecto a otros tipos de experiencias traumáticas. Los familiares y el entorno cercano a una persona desaparecida presentan unos elevados niveles de incertidumbre, rumiación, sintomatología postraumática -sin el componente de evitación- y la ruptura completa de su proyecto vital anterior a la desaparición, entre otras muchas dificultades, que requieren programas específicos de intervención.

A nivel personal, han sido numerosos y valiosos los aprendizajes, puesto que el acercamiento al dolor y al sufrimiento psicológico de estos familiares y a su capacidad de resiliencia no nos han dejado indiferentes. Asimismo, hemos podido observar de primera mano la importancia del movimiento asociativo de las familias de personas desaparecidas y el cuidado y generosidad de muchas personas, profesionales y agentes asistenciales que trabajan activamente por el reconocimiento y defensa de los derechos de las personas afectadas por una desaparición.

¿Cómo has realizado el trabajo de campo para esta investigación?

El trabajo de campo se realizó a través de varios encuentros con familiares de personas desaparecidas, reunidos gracias a la Fundación Europea de Personas Desaparecidas, desde diferentes puntos de España. A las familias que accedieron voluntariamente a participar en el estudio se les aplicó el Cuestionario de Impacto del Trauma (CIT) (Crespo, González-Ordi, Gómez y Santamaría, 2019), que es la medida más completa adaptada a población española para la evaluación del malestar e impacto psicosocial de la experiencia traumática. Además de estas evaluaciones se llevaron a cabo sesiones de devolución de información y psicoeducación con los participantes del estudio.

¿En qué otros campos de investigación has trabajado o te gustaría trabajar?

Mi línea de investigación ha estado principalmente vinculada al campo de la evaluación y de la intervención con personas afectadas por diferentes tipos de experiencias adversas, tales como personas sin hogar, que constituyen un colectivo con un elevado impacto de sucesos traumáticos, víctimas de violencia de género o de atentados terroristas y pacientes clínicos diversos. El impacto de la desaparición de un ser querido es una línea de estudio que me gustaría poder seguir desarrollando en los próximos años.

¿Por qué merece la pena, como tú has hecho, compatibilizar la tarea docente o terapéutica con la investigación? ¿Qué te aporta ésta última?

Sin duda combinar la práctica sanitaria y la actividad docente con la actividad investigadora implica una interesante oportunidad para acercar la evidencia científica a la práctica real -y romper la brecha habitual que se suele observar entre lo que se practica y los avances científicos-. La investigación y el conocimiento científico derivado de los estudios empíricos constituyen la base esencial para poder ofrecer la mejor práctica clínica, así como para mantenerse actualizado/a, una vez que se finalizan los estudios universitarios.

 

 

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